Capricho #4

Capricho #4

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Habían pasado ya casi 10 meses del último Capricho el día que fuimos a conocer a Gustavo Daniel Ríos. Hacía calor, no me acuerdo si era enero, febrero o principios de marzo, solo me acuerdo que íbamos en el auto y paramos a tomar un helado antes de llegar. En el camino charlamos sobre Gustavo, nos preguntábamos cómo sería, cómo vestiría. Es que cada uno tenía en su cabeza una imagen diferente sobre cómo se debería ver un coleccionista de arte y sobre esa imagen cada uno había, a su vez, proyectado en su imaginación como sería puntualmente este coleccionista. Hasta ese momento sabíamos poco, que era un tipo joven, que vivía en la Boca, solo, rodeado de obras de arte que venía coleccionando desde hace años.

Nos costó un poco encontrar su casa, estábamos a la vuelta de la cancha de Boca. Frenamos frente a la dirección exacta que Gustavo le había pasado a Ari. En la puerta había un tipo bajito, de anteojos. Lo miramos, nos miró, lo volvimos a mirar y nos sonrío. Era él.

En ese encuentro que duró algo así como una hora y media el nos habló de todo un poco. De su vida. De su origen. Del origen de su deseo por tener arte. De las minas. De las galerías. Del mercado. De dinero y de cómo lo gastaba y de cómo lo conseguía. Nos fuimos de La Boca ese día de calor sabiendo que estábamos frente a alguien especial. Un representante de la clase media con un brillo y un lustre digno de la alta alcurnia que se refleja en las obras que cuelgan en esas 4 paredes del monoambiente que habita.

Volvimos a los dos meses. Ya no hacía tanto calor. Otra vez más Gustavo nos esperaba en la puerta de sus casa. Como si fuese un asalto, él nos recibió con sandwichitos de miga y nosotros llevamos bebidas y una lista de preguntas que queríamos que respondiera frente a las cámaras. Teníamos miedo de que toda esa simpatía y esa soltura que mostraba cuando hablábamos con él desapareciera al apretar de el botón de rec, pero no, no sucedió. Nos mostró sus obras, se explayó efusivo ante cada pregunta. Se soltó como si no fuese la primera vez que las cámaras le apuntaban. No había timidez, ni miedos, solo las ganas de contarnos sobre cada uno de esos cuadros que habitaban ese lugar.

Algunos artistas de la colección de Gustavo Daniel Rios: Belén Romero Gunset,  Clara Tomasini, Natacha Voliakovsky, Benito Laren.Algunos artistas de la colección de Gustavo Daniel Rios: Belén Romero Gunset, Clara Tomasini, Natacha Voliakovsky, Benito Laren.

Su casa es toda arte. Las obras, todas de formato pequeño o mediano, trepan por las paredes pero también avanzan por el piso. Hay además una mesa improvisada con caballetes como base, un sofá y un estante que sostiene artículos de perfumería. También hay un perchero de donde cuelgan un par de sacos y detrás de el, más obras. Hay más obras que paredes y más obras que metros y hay obras que no se ven porque están apiladas detrás de otras obras. Al departamento lo completan una cocina y un pequeño baño. En esos sectores del departamento no hay obras.

Después de comer unas pizzas con cerveza y de hacer las tomas en la terraza finalizamos la jornada. Bajamos los dos pisos por escalera, quedamos que ni bien tuviéramos el Capricho armado le escribiríamos, Gustavo nos despidió, nos subimos al auto y nos fuimos en silencio. Nadie habló por varias cuadras pero recuerdo haber mirado por el espejo retrovisor y haber visto un par de sonrisas. Estábamos contentos y esa alegría no era sólo por la historia que estábamos transportando en las memorias de las cámaras.

Alguno mencionó a Ovidio. Hay algo similar entre ellos, dijimos, pero ¿qué?. Ensayamos varias respuestas. A Ovidio el arte lo había salvado, a Gustavo el arte parece hacerle compañía, concluimos sin profundizar mucho más.

Pasaron unas semanas y nuestras cámaras volvieron a encontrarse con Gustavo Daniel Ríos en el Gomery nights. Una muestra que transita por lo bizarro y que tiene como centro un taller mecánico donde se exponían diferentes obras. Gustavo apareció de punta en blanco, con su sonrisa que parecía resaltar más que la que se dibujaba cuando lo fuimos a ver a su casa. Lo vimos moverse, deambular entre las obras, hablar con las galeristas, era como un pez en aguas abiertas. Nos dio algunos testimonios más y se fue porque al día siguiente se tenía que levantar temprano para ir a trabajar. El pez volvía a la pecera.


Fragmento de Gomery Nights. Artista: Natacha Voliakovsky.
Obra site specific performance : “La Maria” (paralelismo conceptual antártico) Curador: Marcelo Pelissier

Tardamos un par de meses más en editar la versión final del Capricho número 4. No lográbamos ponernos de acuerdo en como contar esta historia. ¿ Quién es el protagonista? ¿ Gustavo Daniel Ríos? ¿ Su colección de obras? ¿ El arte?.Una semana antes de que subiéramos el Capricho a la web nos invitaron a estrenarlo durante una proyección en la galería Granate. Como si se tratase de un espiral, esta vez Gustavo ya no iba a una galería a ver obra para comprar, iba a verse a si mismo y a que otros lo vieran expuesto como si fuese él una obra como esas que cuelgan en las paredes de su casa. También la gente que asisitó a la proyección fue a ver nuestra obra, porque ahí también estuvimos expuestos nosotros, nuestras decisiones, nuestras diferencias pero por sobre todo nuestro encuentro y nuestras ganas de hacer esto, que no es nada más ni nada menos que un capricho.

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